Zoia Barash, in memoriam

Zoia Barash en el balcón de su apartamento. Agosto de 2009.

Zoia Barash en el balcón de su apartamento. Fotografía de Damaris Puñales Alpízar (Agosto de 2009).

Zoia Barash no nació en Cuba, pero haber vivido en la isla más que en ninguna otra parte: su natal Ucrania o la Rusia de su juventud, la convirtieron en cubana por derecho, un derecho otorgado no solo por los más de 50 años que vivió en La Habana, sino sobre todo por su pasión, su entrega y sus aportes a la cultura cubana.

La única vez que nos vimos en persona, una calurosa tarde del 11 de agosto del 2009, en su apartamento, me comentaba respecto a lo que sentían los soviéticos por Cuba a principios de los años sesenta:

Un amor total y absoluto. Había una canción que se llama Cuba de mi amor, una canción en ruso, que se cantaba mucho. Y era una cosa, en los sesenta, romántica: una revolución tan lejana, con barbudos, con gente muy bonita, todos eran jóvenes, nadie criticaba el arte abstracto. Para los rusos era como un soplo de esperanza, que sí se puede hacer una revolución, que la revolución sí puede ser tolerante hacia diferentes corrientes del arte, que los ministros pueden ser jóvenes, porque en aquel momento en la Unión Soviética todos los dirigentes eran viejos y de repente aparecen Fidel y sus ministros y la gente miraba con mucha esperanza y mucho interés. Hubo mucho interés hacia Cuba. Mucha admiración. (1)

Llegó a Cuba en 1963, fascinada, deslumbrada, como muchos soviéticos en ese momento, por lo que representaba el inicio de la Revolución Cubana. Como muchos de los soviéticos que llegaban entonces a Cuba, trabajó como en la traducción. Su primer trabajo fue el de traductora en la Junta Central de Planificación y en el Centro de documentación del petróleo. Apenas unos tres años después, comenzaban a estrecharse sus vínculos con el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas -ICAIC-, pero no fue sino hasta 1976 que se convirtió oficialmente en traductora del Centro de Documentación.

Cuando en 1980 pasó a ser la especialista en cine de los países socialistas de la Cinemateca de Cuba, ya hacía mucho tiempo que se había percatado del valioso cúmulo de información que sobre el séptimo arte de la URSS llegaba al noveno piso del ICAIC. A la par que recibía a Larisa Sheptiko, Stanislav Rostotski, Alexander Mitta, Andrei Konchalovski y tantos otros cineastas soviéticos que visitaron La Habana por esa fecha, se dedicó a reunir numerosos datos sobre los directores que habían protagonizado desde sus orígenes la historia del cine en su país. (2)

Esta experiencia y sobre todo, su visión crítica, posibilitaron la publicación, muchos años después, de su magnífico libro El cine soviético de principio a fin, publicado en el 2008 por Ediciones ICAIC, en La Habana. Había comenzado a trabajar en ese proyecto  a fines de los noventa, pero pasaría toda una década antes de que el libro pudiera salir. Su recepción fue tan buena, que se hizo una segunda edición.

El director de la cinemateca [Reynaldo González, en ese momento (3)] me dijo “hay tanto material sobre cine soviético, ¿por qué no haces un libro con todo esto?”. Eso fue hace muchos años, el libro estuvo en proceso editorial casi diez años. Lo empecé a fines de los noventa. Poco a poco, poco a poco. Estaba aprendiendo la computadora. En aquella época estaban apareciendo las computadoras, pero yo lo hice todo en una vieja máquina de escribir. Yo lo digo en el prólogo.

zoia barashSegún cuenta Elizabeth Mirabal en su artículo, en sus años en la Cinemateca Zoia Barash recibía a “Larisa Sheptiko, Stanislav Rostotski, Alexander Mitta, Andrei Konchalovski y tantos otros cineastas soviéticos que visitaron La Habana por esa fecha”. También reunía datos sobre los directores que “habían protagonizado desde sus orígenes la historia del cine en su país”, y sobre los cuales escribiría en El cine soviético de principio a fin, libro que abarca la cinematografía desde los años veinte hasta los años de la Perestroika, contada muchas desde la perspectiva de la vida de los directores de cine.

Zoia Barash se quedó, tal vez, con ganas de escribir una segunda parte de este libro. Para la fecha de nuestra conversación, en el 2009, hacía tres años que se había retirado ya, y sentía que no tenía fuerzas para hacerlo.

Todo el mundo me dice, escribe la segunda parte, pero no hay fuerzas para tanto. En la cinemateca en la mañana no hay aire acondicionado, yo tengo problemas para trasladarme, ando con bastón, tengo mucha artrosis…

Más allá de su labor intelectual, de la excelente tarea de rescatar parte del archivo de la Cinemateca cubana dedicada al cine soviético, y más allá también de su labor al frente de la organización de los ciclos de cine ruso, Zoia Barash era una mujer de luz, amable y suave, muy buena conversadora, con un gran sentido de humor. Con ella quedaron pendientes otras conversaciones mucho más largas, y no las limitadas a nuestros intercambios por email. Quedaron pendientes otras preguntas (por ejemplo, sobre su colección de titulares ilógicos de la prensa cubana).

Parte de los archivos de la Cinemateca de Cuba están en lamentable estado, o han desaparecido, como comenta su actual director, Luciano Castillo en esta publicación de Cuba Contemporánea

Tenemos un reto grande. La Cinemateca se encuentra en un estado crítico con relación a la organización interna, sobre todo en el tema de los fondos bibliográficos. Hay muchos libros y publicaciones que no están catalogadas. Ahora queremos organizar la biblioteca.

Hubo que dar de baja muchas copias que eran inservibles. En la actualidad estamos revisando todo para realizar el inventario, como ves la oficina está llena de cajas.

A Zoia Barash tenemos que agradecer, entonces, el testimonio de parte del material dedicado al cine soviético y ruso. Con la muerte de Zoia, el pasado 26 de octubre del 2014 en La Habana, desaparece también parte de la presencia física de un mundo que dejó de existir hace ya más de dos décadas: el mundo de la Cuba soviética. El legado de ese mundo, como el legado de Zoia, permanece como parte de una peculiar identidad cubana, para la que la suma de cruces y acercamientos culturales siempre enriquece, muy al margen de cualquier ideología de estado.


Notas:

(1) Todos los extractos de entrevista que aparecen en este posteo forman parte de un libro en preparación, tentativamente titulado Cuba soviética. Una cartografía afectiva.

(2) Mirabal Llorens, Elizabeth. “Decir toda la verdad. Entrevista con Zoia Barash”. Revista Revolución y Cultura. No. 1, 2010. (pp. 42–51).

(3) Agradezco a Juan Antonio García Borrero la confirmación de este dato.

(4) Para los interesados en el cine soviético, sobre todo el de las primeras décadas del siglo XX, recomiendo el artículo “El cine soviético de los años 20 y 30: un arma de propaganda“, de Lázaro González González, publicado por Esquife el 3 de abril del 2012.

(5) Recomiendo también el artículo “Cuba, el cine en libros y folletos“, de Alicia García.

 

 

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

La revista Sputnik

sputnik 12

La última revista Sputnik que recuerdo haber leído en Cuba fue la número 12, correspondiente a diciembre de 1988, y en cuya portada aparecía la imagen de Miss Moscú. En ese mismo número aparecía un artículo sobre Lavrenti Beria, oscuro personaje de la época estalinista. Beria estuvo al frente de la KGB por 15 años, y tras la muerte de Stalin fue juzgado y condenado al pelotón de fusilamiento por su amplio expediente criminal.

Tuve ese ejemplar de Sputnik conmigo durante mucho tiempo, y en algunas de mis muchas mudanzas y cambios de país, lo he perdido. Creo que fue el último que compramos en mi casa. Me recuerdo pensando que si Sputnik estaba publicando, en primera plana, información sobre un concurso de belleza, es que las cosas estaban yendo mal en la URSS.

Buscando información para este post, he encontrado versiones distintas sobre la fecha exacta en que dejó de circular la revista en Cuba, pero ninguna de esas versiones está sustentada por algún hecho concreto y todo se reduce al recuerdo de quienes escriben -como yo, ahora mismo. Tania Díaz Castro, por ejemplo, afirma que el último número que circuló fue el 11, correspondiente a noviembre de 1988.

La revista, que comenzó a publicarse en la Unión Soviética a fines de 1966, para conmemorar el décimo aniversario de la puesta en órbita del primer satélite de igual nombre en 1957, se editaba mensualmente, y era traducida a numerosos idiomas y distribuida a diferentes países. Era una publicación de la agencia de noticias Novosti. El inicio de la edición en español data de 1975, por lo que asumo que por esas mismas fechas fue presentada al público lector cubano. Habrán salido, en total, unos 160 números -poco menos, tal vez-. En mi casa, mi padre siempre las compraba, y recuerdo que teníamos una colección importante que en algún minuto desapareció, como desaparecieron muchas otras cosas de mi vida en Cuba.

Una de las secciones que más me gustaba -la revista traía varias secciones: sobre las ciencias, los deportes, humor, personalidades, etc- era la de literatura. Recuerdo vívidamente un cuento sobre una zarina, por ejemplo. O un artículo sobre León Tolstoi. Recuerdo también un artículo sobre una paracaidista soviética cuyo paracaídas no abrió y pese al accidente, logró sobrevivir y regresar a las alturas para seguir lanzándose al vacío desde un avión en movimiento. Y es que muchos de los artículos tenían ese tono de heroicidad y grandeza con el que por entonces mirábamos a la URSS.

Cuando el tono de ejemplar excepcionalidad de los sóviets dejó paso a las historias sobre las barbaries cometidas por Stalin, o sobre los problemas reales del país, que habían sido marginados y censurados durante años, el gobierno cubano se apresuró a prohibir la revista. Lo mismo pasó con otras publicaciones provenientes del lejano Moscú, que eran nuestro mayor referente sobre lo que pasaba en aquel país: Novedades de Moscú, Misha, La mujer soviética, Unión Soviética… Durante esos mismos años soviéticos, se expendían revistas de corte similar provenientes de otros países socialistas, como de la RDA y de Checoslovaquia.

El último año en que se ofrecieron carreras universitarias para la Unión Soviética y Checoslovaquia, principalmente, fue en 1989. Todavía para el inicio del curso escolar 1989-1990 hubo estudiantes cubanos que viajaron a esos países para iniciar o perfeccionar el estudio del idioma, o que se sometieron a igual preparación en facultades de lenguas en Cuba. Ninguno de ellos, sin embargo, se graduó en esos respectivos países: algunos nunca pudieron salir de Cuba; otros tuvieron que regresar a mediados de curso o al finalizar el primer año, y muchos emigraron hacia un tercer país europeo, negados a regresar a Cuba. Los convenios de colaboración en materia de educación se terminaron ese año. Casi en su totalidad, los estudiantes que optaban por ir a estudiar a un país del bloque socialista, sobre todo a la Unión Soviética, habían adquirido la mayor parte de sus conocimientos y admiración por el país de los sóviets a partir de las publicaciones provenientes de allá que circulaban en Cuba.

En conversación con Oneyda González, en Camagüey en el verano de 2009, mientras hablábamos del documental dirigido por Gustavo Pérez, y para el cual ella escribió el guión y concibió la idea original, Todas iban a ser reinas, me comentaba que:

Una de las cosas que me vino de inmediato a la mente era eso: ¿qué pasó con el modelo de mujer en el que yo me formé? Porque yo soy una mujer que todavía me formé leyendo revistas como La mujer soviética. Yo recuerdo que yo quería ser bailarina, o científica, o cosmonauta. Eran esos los modelos y además, era interesante (…) Yo me acuerdo que en las páginas centrales de aquellas revistas venía la vida del hogar de aquellas mujeres que tenían un buen marido, que podían desarrollarse plenamente en la vida social y eran un modelo de lo que yo quería ser.

Fue a partir de la información publicada en esas revistas, así como a la formación ideológica y sentimental impulsada desde la cultura y la educación formal, que se creó una subjetividad social cubana ligada a modelos provenientes de la URSS -y el resto del mundo socialista, aunque en menor grado. Una vez desaparecidas las revistas, y también el modelo socioeconómico que las sustentaba, gran parte de quienes se (nos) formaron bajo esos preceptos estéticos, siguen sintiendo una afinidad sentimental por un pasado común que está escrito, en gran medida, con letras del alfabeto cirílico (1).

Como bien comenta Rafael Rojas en su artículo “Souvenirs de un Caribe soviético”,

…entre 1986 y 1989, durante los tres años decisivos de la perestroika y la glásnost, se produjo una radical inversión del campo referencial soviético en la cultura cubana: de ser un lugar metropolitano y paradigmático, fuente de valores y lenguajes de legitimación, Moscú pasó a ser, bruscamente, una ciudad subversiva, disidente, exportadora de ideas y gustos desestabilizadores para el socialismo cubano. El momento culminante de esa inversión fue el editorial de Granma, del 4 de agosto de 1989, titulado «Una decisión inaplazable, consecuente con nuestros principios», en el que se anuncia el cese de la distribución de Novedades de Moscú y Sputnik, por ser publicaciones:

…portadoras de puntos de vista y posiciones respecto a la construcción del socialismo, a partir de una determinada interpretación de la experiencia soviética (…) En estas publicaciones se niega la historia anterior y se caotiza el presente. Escudándose en la imprescindible diversidad de opiniones, se divulgan fórmulas que propician la anarquía. El análisis de la forma de actuar y utilizar los principios rectores del marxismo-leninismo acorde con las nuevas condiciones históricas, introduce elementos que conducen a su negación (…) En sus páginas se descubre la apología de la democracia burguesa como forma suprema de participación popular, así como la fascinación con el modo de vida norteamericano (22). (2)

Carlos Monsivais, en un artículo publicado en Proceso el 19 de agosto de 1989, se refiere el mismo artículo que Rojas, pero menciona que fue publicado el 14 de agosto, y no el 4. Carlos Espinosa Domínguez, al referirse al mismo editorial, coincide con la fecha de Rafael Rojas: el 4 de agosto de 1989.

Según afirma Alvaro Alba, en el número de agosto de 1989, la edición en ruso de Sputnik avisaba a los lectores que tanto esa revista como Novedades de Moscú habían sido prohibidas en Cuba y que ese mismo número de Sputnik había sido sacado de circulación en Cuba.

La edición en ruso (…) de agosto de 1989 (…) tiene una pequeña nota en la parte baja de la segunda página donde informa que por acuerdo de las autoridades cubanas se suspendió la distribución de las publicaciones en español de “Novedades de Moscú” y “Sputnik”, ambas pertenecientes a la Agencia de Prensa Novosti (APN).

El editorial en cuestión de Granma al que he aludido antes no viene firmado por nadie en particular. Sin embargo, para fines de ese mismo año de 1989, Fidel Castro se refirió al fin de la circulación de las susodichas revistas, y según Marvyn Baín, el 8 de diciembre de 1989 el periódico Granma reproducía sus opiniones al respecto:

We could not hesitate to prevent the circulation of certain Soviet publications which have been against the policies of the URSS and socialism. They are for the ideas of imperialism, change and the contrarrevolution” (50). (3)

Para entonces, ya las revistas no circulaban en Cuba. Con el paso de los años, los ejemplares que han sobrevivido se han ido convirtiendo en objeto de culto para coleccionistas y amantes de la arqueología histórica y literaria del socialismo soviético.

Mientras hacía mis propios ejercicios de arqueología cibernética, he encontrado este sitio dedicado en exclusiva a la revista Sputnik. Acá les dejo el link y la introducción al mismo.

¿Por qué hacer un blog dedicado a la revista Sputnik?

La revista Sputnik recibe su nombre del primer satélite artificial de la historia, el Sputnik-1, lanzado por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957, su nombre en ruso significa compañero de viajes de la tierra. La humanidad comenzaba una nueva era y 10 años después, en 1967 aparecía la primera edición de la revista Sputnik, un compendio mensual de materiales selectos tomados de la prensa soviética, estos artículos eran muy distintos a los de cualquier publicación contemporánea, quizás no tanto por la diversidad de temas, sino por la manera particular de abordarlos y ordenarlos en secciones. Sputnik era editada por ”RIA NOVOSTI”, la agencia de información más poderosa de la Unión Soviética y de toda Europa.

Se ha dicho que Sputnik era la contraparte soviética de la revista Selecciones, sin embargo su diseño era muy distinto, en especial si se habla del número de anuncios, en el caso de Sputnik su contraportada era el único sitio donde se podría encontrar un anuncio comercial, esto significa que todas sus páginas internas, eran contenidos de lectura. La revista Sputnik sobrevivió por cuatro años a la Unión Soviética, a partir de 1992 dejó de exportarse y traducirse a otros idiomas aunque se siguió publicando en Rusia. Finalmente desapareció a mediados de la década de 1990.

Gracias a la revista Sputnik, mucho tiempo después de su desaparición; descubrí muchas cosas interesantes e importantes que de otra forma nunca hubiera conocido, esto no sería posible sino fuera porque alguien tuvo la buena idea de hablarme de ella hace tiempo, luego con mucha dificultad, pero también con mucha emoción; logré conseguir algunos ejemplares prestados. Posteriormente conseguí otros ejemplares simplemente por dinero, fueron todos los que pude encontrar, pero mis propósitos iban más allá de tener una colección de literatura soviética.

En un nuevo Orden Mundial: Ventana al pasado o espejo de la sociedad.

La revista Sputnik aún es recordada por aquellos que la conocieron y valoraron sin prejuicios, personas que convirtieron esta publicación en su compañera de viajes a través de la lectura y el conocimiento durante una época en la que el mapa del mundo era otro, pero cómo me decía un lector – para bien o para mal; el mundo ha cambiado, y los tiempos en que Sputnik llenaba los anaqueles de la tienda local, han acabado para quienes disfrutaban el privilegio de leerla.

Pero mientras los países han cambiado de nombres y los anaqueles yacen repletos de otras publicaciones, los artículos de Sputnik adquieren más relevancia a medida que pasa el tiempo. Fueron escritos durante la Guerra Fría por editores de una superpotencia desaparecida, pero parecen adaptarse perfectamente a la realidad del mundo en que vivimos hoy y nuestras perspectivas del futuro. La temática diversa, inherente al entramado histórico, social y cultural de la humanidad; es algo propio de las publicaciones soviéticas. La revista Sputnik recoge de forma especial todos estos aspectos, brindando al lector de hoy y de mañana, ya no una ventana al pasado, sino más un espejo dónde se ve reflejada a la sociedad en general, llegando incluso a una autocrítica bastante profunda y difícil de observar en la mayoría de medios modernos. Esto está muy lejos de ser simple propaganda política, algo que pueden confirmar quienes eran lectores de la revista.

Esa razón me ha motivado a elaborar este blog, donde se intentará extraer cada letra del papel soviético hacia una plataforma digital, así algunos temas abordados por Sputnik podrán estar nuevamente disponibles por lo menos en español. Los artículos digitalizados se intentarán presentar con la mejor calidad y fidelidad posibles en relación a lo plasmado en el papel, así estos contenidos de temática diversa podrán ser asimilados y aprovechados por aquél que los necesite, además se propone abordar temas y eventos actuales, editados o traducidos por el autor de este blog, el material propio será revisado en caso de requerir alguna mejora o corrección. Espero que la experiencia de leer artículos de Sputnik sea agradable para el lector cómo lo ha sido para mí.

C – Records

Notas:

(1)  Para explicar esta afinidad, he propuesto el término comunidad sentimental soviético-cubana que abordo con amplitud en otros posts y publicaciones.

(2) Rojas, Rafael. “Souvenirs de un Caribe soviético”. Encuentro 48/49. Primavera-verano. (2008): 18-33.

(3) Bain, Mervyn. Russian–Cuban Relations since 1992. New York: Lexington Books, 2008.

Posted in Uncategorized | Tagged , , , , , , | Leave a comment

Convocatoria para ensayos sobre el tema de la presencia ruso-soviética en la cultura cubana contemporánea.

Soy Cuba y las formas de la estalgia. Construcción y manifestaciones de ‘la nostalgia de lo ruso-soviético’ en la cultura cubana contemporánea.

Coordinador: Carlos Muguiro

En julio de 2014 se han cumplido cincuenta años del estreno en La Habana y Moscú de la película Soy Cuba/ Ya Kuba, el primer y prácticamente último proyecto de co-producción cinematográfica entre la Cuba post-revolucionaria y la Unión Soviética. Levantado durante más de dos años por algunos de los cineastas más prestigiosos de la URSS, con todos los medios técnicos y humanos disponibles en la isla, sin limitaciones presupuestarias ni plazos de ejecución, el proyecto pretendía fijar el advenimiento y triunfo de la revolución de 1959 como gran narración epopéyica. Sin embargo, el film fue recibido con desinterés e incluso hostilidad en ambos países y condenado al olvido inmediatamente después de su presentación. Ni los cubanos ni los soviéticos coetáneos al film encontraron en sus imágenes ningún motivo de orgullo o identificación nacional. “No soy Cuba” fue re-titulado por un crítico, en una expresión que hizo fortuna en medios y ambientes cinematográficos cubanos. Así, el aniversario de su estreno aparece marcado también como el de su proscripción y archivo. Durante treinta años, el film permaneció prácticamente invisible. Sólo en 1992, en el contexto de una retrospectiva sobre su director Mikhail Kalatózov que acogió el festival de Telluride (EEUU) y, nada casualmente, en el ambiente de revisión de la historia secreta del cine soviético que se había iniciado con la Perestroika, el film fue rescatado del olvido y celebrado como una obra excepcional. Con la desaparición de la URSS se aceleró la relectura del film, su reinterpretación y la reconciliación con algunos de los aspectos que antes habían sido criticados.

Tanto por sus valores cinematográficos como por la historia que envuelve su olvido y rehabilitación, Soy Cuba delimita cronológica y conceptualmente cierto estado de ánimo generacional en torno a la presencia y la huella dejada después por lo soviético en Cuba: formas y variaciones de la nostalgia del Este o de la Estalgia, podríamos decir, extendiendo hasta el Caribe la expresión germana (Ostalgie) habitualmente referida a la República Democrática Alemana y los países que formaron parte del bloque socialista. En el caso que nos ocupa, la Estalgia viene a identificar a una comunidad sentimental perfectamente delimitada desde el punto de vista histórico y geográfico, unida en torno a la experiencia y al imaginario de lo ruso, a su presencia a lo largo de treinta años y a su ausencia brusca y radical a partir de la década de los noventa: cubanos para los que fue más común el emblema de los estudios Gorki que el de Disney, que crecieron viendo los muñequitos rusos y leyendo los cuentos del oso Mashenka, que aprendieron ruso como primera lengua extranjera y coleccionaron en su mente los rostros de los grandes actores soviéticos, que aplaudieron los Juegos Olímpicos del 80 como si fueran los suyos, que se formaron profesionalmente en las universidades URSS y conocieron los rigores de un clima y un paisaje absolutamente extraños, que formaron familias mixtas ruso-cubanas, construyeron nuevas palabras para definir aquellas nuevas realidades y que, con el fin de la Unión Soviética, también vieron desaparecer la extraña paradoja sobre la que había crecido su generación: la de una inmensa lejanía -lo soviético- siempre presente en sus vidas.

Durante los treinta años en los que la presencia de lo soviético fue cotidiana y nada excepcional, el cruce entre Cuba y la URSS, probablemente por la relación desigual sobre la que se estableció ese biculturalismo, no se concretó de manera regular en la producción cultural cubana. Sin embargo, cuando el referente absoluto se transmuto en absoluta ausencia, la evocación de aquella subjetividad histórica común se fue concretado de manera regular en distintas expresiones artísticas (literarias, cinematográficas, pictóricas y musicales) que abordaban el tema en toda su difícil complejidad. A día de hoy, todas esas obras no sólo conforman un extraordinario corpus cultural sino que constituyen un novedoso y apasionante objeto de estudio académico. A partir del simposio internacional tituladoCuba-URSS y la experiencia post-soviética, organizado en 2007 por Jacqueline Loss y José Manuel Prieto en la Universidad de Connecticut, en los últimos años han ido apareciendo interesantes monográficos y exploraciones particulares sobre un tema que por su naturaleza transcultural sigue generando preguntas.

En el cincuenta aniversario de Soy Cuba y con la intención de seguir profundizando en la materia, la revista Kamchatka. Revista de análisis cultural propone reflexionar sobre la particular concreción estética del imaginario ruso-soviético en la realidad cultural cubana, para lo cual abre esta convocatoria entre investigadores y estudiosos. Desde Kamchatka se proponen dos ámbitos de trabajo, que constituyen a su vez las dos etapas o movimientos diferenciados que conforman el objeto de análisis:

-La presencia. Por un lado, el estudio de la presencia y el protagonismo real de lo ruso-soviético durante treinta años en todos los órdenes de la vida cultural, social, educativa y filosófica para la generación de cubanos crecida entre los años sesenta y los noventa.

-La ausencia. Por otro, el estudio de la construcción del  imaginario soviético a partir de los años noventa, su concreción en manifestaciones culturales de toda índole y su posible identificación como una estética reconocible.

Los textos deberán enviarse a la dirección  de la revista (revistakamchatka@gmail.com) o al coordinador del monográfico (cmugiro@heda.es) siguiendo las  instrucciones para autores que pueden encontrarse en:

http://ojs.uv.es/index.php/kamchatka/about/submissions#authorGuidelines

La fecha límite para presentación de original es el 1 de febrero de 2015.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Private life vs public life: socialist way of being

In his book The Whisperers (2007),  Orlando Figes (1) develops an interesting thesis about the double life of the citizens in the socialist countries, especifically in the Soviet Union.

Citizens act “as if” they support these slogans and rituals in public, while privately believing something different. (p. 16)

Regarding other socialist countries, Figes  quotes Václav Havel who said about the citizens of socialist Czechoslovakia, that they lived “in lies”. According to Havel, this conformist actitutes “allowed them to be left alone by the regime and to avoid personal problems– a reasoning Havel found morally reprehensible.” (17)

In a more general context, Slavoj Zizek (2) theorize about this ‘acting as if’ to explain the basis of power in Easter European state socialism. According to Zizek, this produces a “cynical subject” who “is quite aware of the distance between the ideological mask and social reality, but . . . nonetheless still insists upon the mask.” (p. 29)

Alexei Yurchak (3), on the other hand, explains the dynamic between the public and the private spaces in late socialist states, arguing that

the late socialist subject experienced official ideological representation of social reality as largely false and at the same time as immutable and omnipresent. In such conditions it became irrelevant for subjects whether they believed official ideological messages or not. Instead, the relation to official representation became based on intricate strategies of simulated support and on “nonofficial” practices behind the official scenes. (p. 162)

He goes on adding that in order to minimize the oppresion of the system, the citizen does not ridiculize the symbols of such system during public events but rather disengages from their meanings:

The easiest way to minimize the symbol’s “oppression” and lead a “normal” life behind its back […] [is] to simulate one’s adherence to it while suppressing recognition of the very act of simulation. This simulation was laden not with ridicule of power, but with lack of interest in it -it involved one’s obliviousness of what was “supported.” It was not uncommon to hold official signs or banners with slogans during parades without reading them and to carry a portrait of a Politburo member without knowing exactly who it was. (p. 162-163)

Although one can agree with these theorizations about life under socialist systems, these classifications are quite reductionist by presenting the problem as a binary relation between two categories: “truth” and “falsity”, “reality” and “mask”, “revealing” and “dissimulating”. The reality is much more complex and full of nuances. There are many other ways of being public and reveal against the ‘falsity’, the ‘mask’, the ‘dissimulating’.

russian-kitchen-edit3_custom-ec038e9f4366a5e3b126e7d4ffd5cbc1fa1144f1-s40-c85

(image taken from the NPR website)

Just a few weeks ago, an article appeared on NPR (4) entitled “How Soviet Kitchens Became Hotbeds Of Dissent And Culture”. This article brings back to me memories of the Soviet apartment’s blocs in Cuba (Alamar in Havana; Naranjal in Matanzas; etc, etc). It also explains the importance of the kitchen as the (only) private space to exchange opinions, literature -samizdat, most of the times-, music – magnitizdat are recordings made on reel-to-reel tape recorders-,  and any artistic expressions that were sancionated or forbidden by the socialist state, in general. Nevertheless, there are quite some differences between the meaning of these apartments, called khrushchevkas -they became popular during  Nikita Khrushchev’s period- to the Soviet citizens and the similar housing blocs to the Cuban citizens. I will come back to this topic in a future post, and I just want to recall that the biggest underground cultural movements in Cuba have taken place in Alamar.

Before Khrushchev, most of the families lived in what is called “communal apartments”: dozens of people sharing bathrooms and kitchens. Poet Anna Akhmatova, for instance, during her years at the Fountain House, Fontanka River (Saint Petersburg), had to live in a very limited space and use a communal kitchen (see a picture of her apartment, below). Acts of dissidence under such circumstances were fiercely very restricted. The new housing panorama under Khrushchev’s mandate meant not only more privacy for families but also a new space from where to share concerns about politic, censorship and also, to exchange literary and cultural production.

DSC_0074

Anna Akhmatova’s apartment in Saint Petersburg

The NPR article states:

“One of the reasons why kitchen culture developed in Russia is because there were no places to meet,” says Shenderovich. “You couldn’t have political discussions in public, at your workplace. You couldn’t go to cafes — they were state-owned. The kitchen became the place where Russian culture kept living, untouched by the regime.”

In a country with little or no place to gather for the free expression of ideas and no place to talk politics without fear of repression, these new kitchens made it possible for friends to gather privately in one place.

These “dissident kitchens” took the place of uncensored lecture halls, unofficial art exhibitions, clubs, bars and dating services.

So, the kitchens became the symbolic space where Zizek’s “cynical subject” (5) could unmask himself and challenge the state in a systematic way. This systematic challenging, according to the scholars we are quoting here, was one of the reasons why the socialist states came to an end.

(I will not go further on this topic now, but I would argue that the ‘cynical subject’ is not only a by-product of the socialist system, but rather a mechanism of surviving in any circumstances.)

According to the article,

Dissident composer Yuliy Kim wrote a cycle of songs called “Moscow Kitchens” telling the story of a group of people in the 1950s and the ’60s called “dissidents.” It tells how they began to get together, how it led to protests, how they were detained and forced to leave the country.

But not only the kitchens became a space of dissidence in the former Soviet Union. I recall an artistic installation that I visited in 2007 called “The Space of Freedom: Apartment Exhibitions in Leningrad, 1964-1986”, in Grinnell College, Iowa. It took place from March 9–April 22, 2007 and about 45 paintings, drawings, and prints from the collection of the Museum of Nonconformist Art in St. Petersburg, Russia, were displayed in a fabricated Soviet apartment interior (c. 1970). It also reminds me about the short documentary made by Eduardo del Llano in 2004, Monte Rouge.

grinnell3

Image from the placard of the exhibition The Space of Freedom

grinnell1

Placard from the exhibition in Grinnell College, Iowa (March 2007).

The Space of Freedom: Apartment Exhibitions in Leningrad, 1964-1986, presents more than forty artworks created during the period in Russian history when the Soviet government attempted to eradicate all art that did not conform to the government’s edicts. Social justice and the right of freedom of speech and expression are the underlying themes of The Space of Freedom. Art from the collection of the Museum of Nonconformist Art, Pushkinskaya-10 Art Centre, St. Petersburg, Russia, is displayed in a re-created Soviet communal apartment with details and furnishings typical of the era.

Banned from public expression and demonstration, many Russian artists began in the late 1950s to exhibit in their own communal apartments, for periods of a day or two, or even just a few hours. Attendance at exhibitions numbered as many as one thousand people and up to one hundred or more artworks would be displayed in a single room of an apartment. For such free expression, many artists suffered suppression, imprisonment, and even death.

The Space of Freedom focuses on both the artwork shown in a communal apartment and the exhibition space within the apartment itself as a significant part of the history of Russian art. The work on view is a representative selection of art that was displayed in various apartment exhibitions between 1964 and 1986, including several pieces by the most important figures in the history of nonconformist painting. These forty-six works have never before been exhibited together or in such a manner of installation outside of Russia. (6)

Banned from public expression and demonstration, many artists creating in styles not permitted by the government organized short-term exhibitions, lasting a day or even a few hours, in their own communal apartments. (7)

Placard from the exhibition in Grinnell College, Iowa (March 2007)

Placard from the exhibition in Grinnell College, Iowa (March 2007)

Placard from the exhibition in Grinnell College, Iowa (March 2007)

Placard from the exhibition in Grinnell College, Iowa (March 2007)

The private spaces as dissident scenarios not only took place in the kitchens but they were expanded to whole apartments, in some cases, as the The Space of Freedom‘s artistic installation proves. In these spaces, artist and citizens in general found a way of expressing themselves while taking care of their public safety. The art, in general, became the most effective form of dissidence, and one of the few ones to escape, at least partially, to the state’s vigilance and repression.

I can’t help but comparing the Soviet and European socialist societies to Cuba. In a more ironic example, the fiction short feature Monte Rouge confirms the same concerns about the dichotomy between private vs public life. The film shows a small apartment where the Cuban intelligentsia wants to install a microphone to record the dissident opinions of visitors to the apartment. It satirically plays with the idea of a conversation between censor and censored; between repressor and repressed, two instances that never cross a dialogical road under a socialist government.

Such cultural product would have been unthinkable a few years ago (especially before the nineties) when the Cuban state had a more totalitarian control over cultural production. On the other hand, this satirical approach to censorship and surveillance supports the idea of Antonio Benítez Rojo (8) when stated that

el performance caribeño, incluso el acto cotidiano de caminar, no se vuelve solo hacia el Performer sino que también se dirige hacia un público en busca de una catarsis carnavalesca que se propone canalizar excesos de violencia.  (p.  xxviii)

That way of dealing with violence does not make violence less violent or tragic but informs about the differences in the social subjectivities in both cultures, the Soviet/Russian and Cuban. While we can agree, in general terms, with the theories about private vs public life under socialist states in Europe, it can’t be totally applied to the Cuban case.

Films and other cultural products, such as theater functions and music, are just some examples of how Cuban artists create a space where, although unauthorized by the state, allows the overlapping of public and private lives, and where the masks can be, at least momentously, dropped.

 

Notes:

(1) http://www.orlandofiges.com/

(2) Zizek, Slavoj. The Sublime Object of Ideology. London: Verso, 1991.

(3) Yurchak, Alexei. “The Cynical Reason of Late Socialism: Power, Pretense, and the Anekdot“. Public Culture 1997, 9: 161-188.

(4) http://www.npr.org/blogs/thesalt/2014/05/27/314961287/how-soviet-kitchens-became-hotbeds-of-dissent-and-culture

(5) Today ideology produces a so-called “cynical subject,” who “is quite aware of the distance between the ideological mask and social reality, but . . . nonetheless still insists upon the mask (Zizek 29).

(6) http://museums.richmond.edu/exhibitions/museum-of-art/space-of-freedom.html

(7) http://www.bucknell.edu/x45759.xml

(8) Benítez Rojo, Antonio. La isla que se repite. El Caribe y la perspectiva posmoderna. Ediciones del Norte: Hanover, 1989.

Posted in Uncategorized | Tagged , , , , , | 3 Comments

Año 1990. Cine socialista en Matanzas, Cuba. Fin de una época.

2 programa de cine

Verano de 1990. Agosto. Ya no existía el muro de Berlín desde hacía casi un año. Faltaba aún otro año para que en Rusia se produjera el golpe de estado que sacó del poder a Mikhail Gorbachov por tres días -entre el 19 y 21 de agosto de 1991-, hecho que desencadenaría la disolución del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), primero, y de la URSS, después. Todavía existían en Matanzas ocho cines en funcionamiento: Velasco, Matanzas, Moderno, Atenas, Bahía, Granma, Arcoiris y Misha.  Y esos cines pasaban, muchas veces, películas provenientes del campo socialista -o de lo que había sido hasta hacía muy poco, el campo socialista.

Laura Ruiz Montes, desde Cuba, me envía un pedacito de ese tiempo: una cartelera de cine de la semana del 6 al 12 de agosto de 1990 (ver fotos) que ha encontrado entre sus papeles viejos. Estas carteleras estaban disponibles a la entrada de los cines y en muchos barrios las dejaban por debajo de la puerta o la traían con el periódico (era aún época de abundancia poligráfica).

Confrontar un testimonio del pasado, como el caso de esta cartelera, provoca no solo curiosidad por el tipo de filmes que se ofertaban sino que también hace reflexionar sobre el significado de toda esa oferta cultural para la educación sentimental y cinematográfica de esa comunidad que tuvo oportunidad de estar en contacto con estos productos culturales provenientes del campo  socialista.

Las películas socialistas que aparecen en cartelera, para este momento específico de la semana del 6 al 12 de agosto de 1990, eran estas (he podido encontrar referencias de algunas de ellas online; de otras, no, tal vez porque han pasado sin dejar huella alguna):

Cine Atenas:

Amor y palomas: es una comedia soviética de 1984, dirigida por Vladimir Menshov. Любовь и голуби (El amor y las palomas, en ruso) cuenta la historia
de un padre de familia que abandona su hogar para juntarse con una mujer amante del esoterismo, para terminar por volver con los suyos (1). Menshov no era un director desconocido para el público cubano. Su filme Moscú no cree en lágrimas (1979), además de haber obtenido un Oscar a la mejor película extranjera, había sido ampliamente difundido en Cuba en los años ochenta y el título se ha convertido con el paso de los años en una frase más en el habla popular cubana y también como referente literario y cultural sobre todo para las generaciones que crecieron bajo el influjo de la cultura soviética.

Un circo en el circo: película checa para niños.

Cine Moderno:

El ángel de fuego: película polaca de 1985, dirigida por Maciej Wojtyszko. Ambientada en el siglo 16 en el período de la Gran Inquisición. Ruprecht se detiene durante la noche en una posada, y se enamora de la bella Renata. Ella sin embargo, ha caído bajo el hechizo del conde Enrique, a quien ella cree que es un “ángel de fuego”. La chica finalmente lo lleva ante la Inquisición (2)

Cine Bahía:

Correré hasta el fin del mundo: película checoslovaca de 1979, dirigida por Peter Solan, que cuenta la historia de Majka, una niña que vive en un pueblecito con su familia; su principal afición es coleccionar servilletas de distintos lugares del mundo. Nació con los pies un poco torcidos, motivo por el que sus compañeros de colegio la han bautizado como “La Pato”. Sus padres le han prohibido verse con su mejor (y única) amiga, y el chico que le gusta no le hace demasiado caso.En sus ratos libres, Majka juega con los animalitos de la granja, pero la matanza está a la vuelta de la esquina. Y de todas formas, Majka apenas tiene ratos libres porque tiene que ayudar en las tareas de la casa. Gracias a su imaginación, a las esperanzas que tiene puestas en el futuro y a pequeños detalles cotidianos, el día a día se le hace más llevadero. Correré hasta el fin del mundo es una película aparentemente ingenua y fácil, pero se va volviendo más y más triste para terminar conmoviendo a niños y grandes que alguna vez se hayan sentido como su protagonista: “la última letra del alfabeto” (3)

El cofre perdido de los Médicis: película soviética de 1980, dirigida por Rudolph Fruntov, y con la actuación de Valery Ryzhakov, Clara Lucko y Emanuel Vitorgan (4). Es una adaptación de una novela de Jeremiah Parnovaia. Presenta dos planos temporales:

-siglo XIII: los cruzados asedian la fortaleza de Montsegur, en la que fueron asesinados numerosos albigenses, seguidores de la herejía desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia Católica. Logran sacar un convoy y esconder tesoros y a cuatro descendientes: cada uno recibirá una joya, una estrella y un ataúd que contiene un mapa que solo puede verse a partir de la refracción de la luz. Este mapa indica dónde están ocultos los tesoros.

-época soviética, los años setenta, Leningrado. Un anticuario llamado Savigny que viene de Francia, desaparece en la ciudad y un ataúd es robado de su tienda. Los investigadores creen que Savigny ha sido asesinado. El francés es el hijo del emigrante ruso Vsevolod Svinyins. Una turista francesa, heredera de Montsegur, reconoce a Savigny como un criminal nazi, y lo ha tratado de envenenar. El Capitán de la Policía Lyusin no solo busca los motivos del crimen, sino también desentrañar el misterio del antiguo ataúd, cuyas raíces se remontan al siglo XIII.

Pequeño gran campeón: película infantil checa.


Cine Misha:

Oh, mío, mío: película infantil soviética, de fantasía, producida en 1987 en colaboración con Suecia y Noruega. Fue dirigida por Vladimir Grammatikov y contó con las actuaciones de Christopher Lee, Christian Bale, Nicholas Pickard, Timothy Bottoms y Susannah York. El filme se basa en la novela Mío, mi pequeño mío (1954) de la escritora sueca Astrid Lindgren, y cuenta la historia de un niño de Estocolmo que viaja a un mundo de fantasía para librar a la humanidad de la opresión de unos caballeros malditos (5)


Cine Arcoiris:

Accidente fatal: película checoslovaca de 1984, dirigida por Otakar Fuka y con los actores Julie Juristová y Jan Kanyza (6). Prílis velká sance (este es el título en checo) narra la historia del Dr. Petr Gabriel, un científico honesto, trabajador y educado que sacrificó todo su tiempo a la investigación de una cura para la hepatitis infecciosa. En el camino a su casa de campo se encuentra con una joven, Olga, con quien pasa una noche que acaba en tragedia. Como está borracho Petr, su nueva novia lo acompaña de regreso a su cabaña pero por el camino él atropella a un niño pequeño. Intenta llevarlo al hospital pero se da cuenta de que el chico ha muerto ya.  Petr entra en pánico ante la perspectiva de perder su empleo, su carrera y la vida que ha llevado hasta ese momento, y decide ocultar el cuerpo en una pequeña cueva. Todo empeora cuando intenta culpar a un par de jóvenes inocentes, que en el momento del trágico accidente se habían metido en su cabaña. Inicialmente, su versión de los hechos no sólo parece plausible, sino que también encuentra sustento en numerosas pruebas y testimonios. Pero no sólo Olga de pronto se da cuenta de que Petr mató al chico, aunque no intencionalmente. También los investigadores de Praga tienen dudas y el Dr. Petr Gabriel comienza a cometer errores.

El curandero: película polaca de 1982, dirigida por el prolífico y talentoso Jerzy Hoffman (7), quien se graduó en dirección en el Moscow’s Gerasimov Institute of Cinematography, en 1955. Cuenta con las actuaciones de Jerzy Binczycki y Anna Dymna. Znachor (en polaco) /The Quack (en inglés)/El curandero (en español), está basada en la adaptación de una novela escrita por Tadeusz Dołęga-Mostowicz. Cuenta la historia de una eminente cirujano que ha perdido su memoria y comienza a practicar la medicina natural en el campo. Esta es la segunda adaptación fílmica de la novela de Dołęga-Mostowicz. La primera data de 1937.

Cine Granma:

Melodía en la playa: es una comedia rumana de 1982, dirigida por Constantin Paun y con la actuación de Mariana BuruianaHoratiu Malaele y George Mihaita (8). La película describe las aventuras experimentadas por los cuatro miembros de un grupo de música pop en su intento de ser seleccionado para el trabajo en el Festival Costinesti en el Mar Negro. 


Los cinco pilluelos: 
película infantil checoslovaca.

1 programa de cine

 

En total, estos siete días se ofertaron 24 películas en las ocho salas de cine matanceras. De estas 24, al menos 11 eran de procedencia socialista: de Checoslovaquia (5); de la Unión Soviética (3); de Polonia (2) y de Rumanía (1). Hay otra película, alemana, sobre la que no he podido encontrar mucha información pero todo apunta a que se trataría de una producción de la Alemania del Este. En ese caso, el número de filmes de procedencia socialista se elevaría a 12: la mitad de la oferta.

Adicionalmente, se mostraban películas de Estados Unidos (4); Venezuela (1); Francia (1); Cuba-España (1); Cuba (1); Holanda (1) y México (1). Otras tres películas eran alemanas, pero al menos dos fueron producidas -obviamente antes de la reunificación- en la Alemania Federal:

Carros asesinos (exhibida en el cine Arco Iris durante tres días): es una película de Alemania Federal, del año 1986, dirigida por Michael Verhoeven, con la actuación de Jürgen ProchnowSenta Berger y Agnès Soral. Es una historia de intrigas acerca de un inventor de un carro que no contamina el medio ambiente que se convierte en el blanco de un grupo de interesados en aniquilarlo (el grupo está integrado por jerarcas de la industria petrolera, de corporaciones financieras y de la industria automotriz) (9).

Sueños de mujer (exhibida en el cine Atenas durante dos días): Es una comedia policial construida muy inteligentemente, con una dirección artística excelente, con el agregado de bonitas canciones. Una mujer cleptómana no puede evitar la tentación de las joyas. La única pista que tiene un torpe detective es un guante impregnado por un perfume carísimo; el compañero del detective se termina enamorando de ella, pero no solo él, sino también un misterioso personaje. Director: Géza von Bolváry.Actúan: Nora Gregor, Gustav Fröhlich, Otto Wallburg, Peter Lorre, Kurt Horwitz.Duración: 90 min  (10)

La voluntad de vivir: Este filme se exhibió solo un día en el cine Moderno. Aunque en la cartelera aparece el nombre del director y de algunos actores, me ha sido imposible localizar la película online. Solo he podido encontrar información relacionada con uno de los actores, Jörg Poce, que era de Alemania Democrática, por lo que sospecho que se trata de una película de Alemania del Este.

Llaman la atención dos hechos particulares: por una parte, que la mitad de la oferta durante esa semana en Matanzas, eran películas de origen socialista; por otra, que se trata de filmes que habían sido producidos al menos cuatro o cinco años antes de 1990. Podríamos suponer que se trata de películas que habían sido adquiridas antes de 1990 y que estaban guardadas en las arcas del ICAIC, en esos años en que todavía el socialismo, pese a sus altibajos, se mantenía como propuesta ideológica, económica y cultural en varios países europeos.

Como dato curioso, vale añadir algo de lo que habla Vladimir Smith en su tesis KINOCUBAN. The Significance of Soviet and East European Cinemas for The Cuban Moving Image. Smith da cuenta de la última coproducción cubano-socialista, en este caso, con Hungría y la película Dejen en paz a Robinson Crusoe, que aunque fue exhibida en las salas húngaras a principios de 1990, en Cuba nunca circuló. La coproducción se limitaba a la participación de tres actores cubanos en el filme.

Dejen en paz a Robinson Crusoe: Hungarian Cinema, Daniel Defoe and ‘The Dark Island’ (11)

This film, directed by Péter Tímár, is a Hungarian-Cuban addition to the cinematic adventure tales that reconstruct the structural elements of Crusoe’s island story. Hagyjatok Robinsont! or Dejen en paz a Robinson Crusoe (Leave Robinson Crusoe Alone, 1989) was the first film that Cuba co-produced with Hungary, and the final one that it co-produced with a country of the Soviet-bloc. The film was released in Hungary on 4 January 1990, but it was never shown in Cuba (p. 234-235).

Tímár’s other significant departure from Defoe’s original story is the introduction of three new characters, the sales agent, the Utopian socialist philosopher and the missionary (those roles were played by Cuban actors Max Alvárez, Raúl Pomares and Miguel Navarro, respectively) (p. 236).

Tímár’s view of the false options offered by philosophy, economics and religion is notable for its satire, which highlighted the collapse of the Soviet ideal. As a film it reflects the pessimism that was felt in relation to the Soviet reality of those days: centred on the absence of hope, feelings of frustration and ideological disbelief (p. 237).

En la cartelera que analizamos en este posteo, hay una coproducción cubana pero con España; se trata de la adaptación de otra novela, en este caso, una de Gabriel García Márquez, Cartas del parque. García Márquez participó como guionista de esta película que se había producido dos años antes, en 1988.

Cabe recordar, como hemos señalado otras veces, que antes de 1959 las coproducciones cubanas eran principalmente con México y Argentina, pero después del triunfo de la Revolución se privilegió el fortalecimiento de una industria fílmica cubana y las únicas y pocas coproducciones que tuvieron lugar fueron con algunos países socialistas, como la Unión Soviética, Rumanía, Checoslovaquia y Hungría. Para la década del noventa, y tras el fin del sistema socialista, Cuba retomó las coproducciones fílmicas como forma de mantener activa la industria del cine cubano, y se hicieron alianzas con España, Argentina y algunos otros países, cuyos resultados no fueron siempre los mejores (12).

El hecho de que Dejen en paz a Robinson Crusoe, siendo una película con participación cubana, no haya sido exhibida en Cuba, y también que las películas en cartelera en la semana en cuestión se remonten a varios años antes, refuerzan nuestra hipótesis de que el ICAIC no había adquirido películas de procedencia socialista en los últimos años de la década del ochenta.

Esta parálisis en la adquisición de películas socialistas, que durante treinta años había sido una de las prioridades del ICAIC -sobre todo si tomamos en cuenta la cantidad de estos filmes que se proyectaban tanto en las salas de cine como a través de la televisión nacional-, apunta también a un cierto impasse en la redefinición de las funciones del ICAIC. Ante el derrumbe del socialismo como sistema socioeconómico, el gobierno cubano comenzaba -sin rumbo cierto aún- a hacer modificaciones socioeconómicas que permitieran la supervivencia del estado socialista cubano, a cualquier precio. Se estaba entonces en el umbral de lo que se denominaría el “período especial en tiempos de paz”, pero las preocupaciones por el futuro de Cuba, y sobre todo por el futuro del gobierno de Cuba, ya eran una constante para la dirigencia del país. Poco menos de un año después, la sociedad cubana dejaría de ser, para siempre, lo que había sido en las últimas décadas. La profunda crisis económica que se desató alteró no solo la subjetividad social de los cubanos sino que cambió las formas de consumir y producir cultura en Cuba.

Para el siguiente verano de 1991 casi ninguna sala de cine funcionaba ya en Matanzas debido a los extensos apagones. Con el tiempo, también las salas de cine se fueron “apagando”, y hoy día apenas quedan dos o tres en funcionamiento. Ninguna proyecta ya, claro está, películas de origen socialista (aunque en La Habana se siguen haciendo ciclos de cine ruso o polaco, por ejemplo, en los que además de ofrecer películas contemporáneas, se ofertan algunas del período socialista).

Esta cartelera que me envía Laura desde Cuba es tal vez, sin que nos diéramos cuenta entonces, el adiós definitivo a todo lo que hasta entonces habíamos conocido y nos había definido como nación. Visto a la distancia, este adiós eclosionó las formas culturales e ideológicas, y nos hizo enfrentar un mundo que de repente era, para nosotros, ancho y ajeno (13).

 

Notas:

(1) Parte de esta información viene del blog Cine Rusia

(2) Información tomada del sitio Abandomoviez

(3) Información tomada del blog Sedmikrásky

(4) La película se puede mirar online aquí, en ruso. Y en este otro enlace hay más información.

(5) Más información, aquí. Agradezco la gentileza de Ernesto Fumero Ferreiro, quien me alertó sobre dónde encontrar información sobre este filme.

(6) Información sobre la película, en checo, aquí.

(7) Redactado a partir de información obtenida aquí

(8) La película se puede mirar en rumano aquí

(9) http://www.imdb.com/title/tt0089416/plotsummary?ref_=tt_ov_pl

(10) Información obtenida aquí

(11) http://www.filmkultura.iif.hu:8080/articles/filmography/timar.en.html.

(12) Este tema lo analizo más ampliamente en Escrito en cirílico: el ideal soviético en la cultura cubana posnoventa (Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio: 2012)

(13) El mundo es amplio y ajeno es el título de una novela del peruano Ciro Alegría.

(14 ) Para quien le interese saber más de la historia de las salas de cine en Matanzas, he aquí algunos enlaces que, aunque incompletos y mal organizados, podrían dar una idea del tema:

Sobre la llegada del cine a Matanzas: http://www.radio26.icrt.cu/2013/10/29/a-114-anos-del-cine-en-matanzas-i-parte/

Sobre la historia del cine Velasco: http://www.radio26.cu/2013/10/31/a-114-anos-del-cine-en-matanzas-iii-parte/

Sobre otros cines en la ciudad: -http://www.radio26.cu/2013/11/01/a-114-anos-del-cine-en-matanzas-iv-parte/

Sobre otras salas de cine: http://www.radio26.cu/2013/11/06/a-114-anos-del-cine-en-matanzas-v-parte/

Sobre el surgimiento de nuevas salas de cine en la ciudad en la década del ochenta: http://hugoagf.blog.com.es/2009/04/08/celebran-llegada-del-cine-a-provincia-de-matanzas-5913137/

Posted in Uncategorized | Tagged , | Leave a comment

Soviet Avant Garde and constructivism (Also related to the previous post…)

On the occasion of the 2014 UK-Russia year of culture, Richard Saltoun Gallery will be presenting a special selection of works by leading practitioners of Russian avant-garde photography, including Alexander Rodchenko and the Vkhutemas Workshop. It will take place from Wednesday July 09 to Tuesday July 29, 2014 in London (111 Great Titchfield Street, London W1W 6RY)

You can find more information here.

As the importance of the Soviet Avant Garde is widely recognised, it is worth to mention that also in Cuba it has been valued. In our past post we mentioned the text written by Jessie Zechnowitz regarding the art of propaganda en the former Soviet Union and in Cuba. Today, I would like to recall an exhibition that took place in Havana a few years ago. If by any chance you were in Cuba in the summer of 2011, probably you had the opportunity to visit the exhibit “Vanguardias soviéticas. De la formulación abstracta a la utopía humanística” (“Soviet Avant–Garde. From Abstract Formulation to Humanistic Utopia”), in the National Art Museum, in Havana from July 4th–September 18th. A total of 95 graphic works produced between 1919 and 1941 was exhibited.

 

vanguardias rusas

The exhibition included works by Alexander Rodchenko (1891-1956), El Litssitzky (1890-1941), Gústav Klucis (1895- 1938), Valentina Kulagina (1902-1987), Varvara Stepánova (1894-1956), Liubov Sergeevna Popova (1889-1924), Nathan Isayevich Altman (1901-1970), Vladimir Roskin (1896-1984), Borís Ignátovich (1899-1976) and Solomón Telingater (1903-1969). The 95 pieces were collages, pictures and posters that had a political propaganda objective, mainly.

The exhibit  offered “a more relaxed look to an artistic reality that would accompany the proletarian revolution from experimentation, without the vices of the descriptive disease exalted by Stalinism” (1). This depoliticization and desideologización Cuban relationship with the Soviet allows, first, a necessary reconciliation with the Soviet past of the island, and second, the recognition of its influence on Cuban culture. It shall open the door for a debate just budding about their impact in the formation of Cuban identity. As part of this recognition, the socialist ideological iconography loses its original value; myths disappear and the only transcending thing is the ways found by the individuals to negotiate and deploy a new affective, personal cartography of the past. The affective mapping propelled by the Soviet past allows to put that past in the past. According to Frederic Jameson (2) the past has a charming appealing because:

It is partly a fascination with dating , aging , the passage of
time for its own sake: like looking at photographs of ourselves
in old-fashioned clothing in order to have a direct intuition
of change, of historicity ( 135-136 ).

Only from this reconciliatory and relaxed space is possible to understand the proliferation of references -clearly recognizable as Soviet- in the formation of the Cuban nation. The expo, thus, provided a new reading of the relationship between Cuban and Russian cultures. This new reading loses all political and ideological meaning and allows a necessary reconciliation with the Cuban Soviet past and the recognition of its impact on Cuban identity.

Notes:

(1) Machado, Mabel. “Imágenes soviéticas en Cuba: Para mirar desprejuiciadamente el arte posrevolucionario”. La Jiribilla. Revista de cultura cubana. La Habana. Año X. 9 al 15 de julio de 2011. No. 531. Web. 28 Oct. 2011. <http://www.lajiribilla.cu/2011/n531_07/531_22.html&gt;.

(2) Jameson, Frederic.  Ensayos sobre el posmodernismo. Buenos Aires: Ediciones Imago Mundi, 1991.

Posted in Uncategorized | Tagged , , , , | Leave a comment

On the Art of Propaganda

I would like to share an interesting analysis on the propaganda in Cuba and the former Soviet Union. The author, Jessie Zechnowitz, discusses how the propaganda can be related to the political conditions -and the censorship- of a given specific period.mujer impenetrable

She states: “I would like to consider the role of the artist in these two communist contexts and to discuss how creative expression in political forums can rise to the occasion, and how its thrust can be diminished if held too tightly. The propaganda poster is an excellent barometer for measuring the political conditions of any country. This art form distills the wishes of a government, and in so doing, it often betrays what it is that a state is actually lacking. First, I will discuss the conditions for poster-making in Cuba, and then consider the same question from a Soviet perspective. The time period I am focusing on is 1959-1989, the years in which Cuban-Soviet relations were strongest.”

The illustration that you can see here is the cover of the book La mujer impenetrable by Reynaldo González, (Ediciones Matanzas, 2010) and its title is “Emancipated woman – build up socialism!”. It was made in 1926 by Adolf Iosifovich Strakhov Braslavskij (1896-1979).

What interests me, and that’s why I bring these two pieces together -besides of course the analysis provided by Zechnowitz- is how after the end of the Soviet Union those images were reappropriated, and the (new) Cuban artists established a new relationship between signifier and signified. By then the socialist equilibrium was unstable, and the artist was able to deconstruct the past through new artistic meanings for the same signifiers. Only through such deconstruction and demystification it is possible to establish a healthy and conscious relationship with the past.

If we agree with Susan Sontag’s article “Posters: Advertisement, Art, Political Artifact, Commodity” (1970) –quoted by Zechnowitz-, when she says: “the purpose of the political poster in Cuba is […] to raise and complicate consciousness–the highest aim of the revolution itself”, we can then understand the turnaround experienced by the artistic graphic expressions in Cuba after the irreversible rupture between the ideology of the state and the individual. 

By the nineties, it was impossible for the government in Cuba to keep the emphasis in promoting the born of the “new man”. Its main concern was to keep the power and avoid the end of the socialist regime as it had happened in the former socialist bloc. 

The artist, on the other hand, was for the first time mostly left on its own. And although censorship still existed (and exists), the artist had to negotiate its place of enunciation: who he needs to respond: the government’s ideology or the individual’s concern and daily life’s struggle to survive? It is interesting that in this context, some of the imagery that arises is related to the Soviet past and its referents. I explain this by arguing that all those years of profound Soviet influence in Cuba had an impact on the called Soviet-Cuban sentimental community and by the end of the Soviet Union that community was in conditions to reassign new meanings to the Soviet remains, including, of course, the art of propaganda.

You can find the link to the post by Jessie Zechnowitz, here: Persuasion

 

 

Posted in Uncategorized | 1 Comment