Clandestina presentó su colección “Glorias Deportivas” inspirada en la cultura soviética

(Artículo proveniente de adncuba.com)

Clandestina, la primera marca de moda independiente de Cuba, mostró este viernes en la sala polivalente Ramón Fonst un Fashion Show para presentar su colección Glorias Deportivas. La misma tiene una alusión muy estrecha a la cultura soviética y al deporte socialista de los años 80.

Para leer el artículo y ver declaraciones de los diseñadores, pinche aquí.

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La comunidad sentimental soviético/ruso-cubana explicada en pocos minutos

Para un recuento de algunas de las huellas soviético-rusas en Cuba contemporánea, vea este artículo.

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Semana de cine cubano en Moscú

Del 7 al 11 de noviembre, el emblemático cine moscovita Illuzion acoge una muestra del cine cubano más reciente, una tradición que demuestra que la cultura puede forjar los mejores puentes entre los pueblos.

El ciclo inició con el Unknown.jpegfilme ‘Esteban’, con la presencia de su director, Jonal Cosculluela.

El drama de 91 minutos, protagonizado por Reinaldo Guanche, Manuel Porto y Yuliet Cruz, cuenta la historia de un niño cubano que descubre su pasión por la música y deberá luchar con todas sus fuerzas hasta alcanzar su mayor sueño: convertirse en un reconocido artista.

Más información aquí, en Sputnik.

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¿Vuelven los bolos? Sí, pero no.

En el 2020 Rusia será el país invitado en la Feria Internacional de Turismo, mientras el turismo ruso ha crecido, a pesar de que no existe aún ninguna empresa mixta o contrato de administración con alguna empresa rusa.

En este artículo, Juan Triana reflexiona sobre el incremento de las relaciones comerciales con Rusia y cuáles son los cambios fundamentales que esto implica, a varios niveles.

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Pueden leer el artículo completo en OnCuba magazine.

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Queridos bolos

Crónica de Ricardo Riverón, quien recuerda a los bolos que en su vida fueron, aparecida hace par de años en OnCuba magazine. Agradezco a Laura Ruiz por llamar mi atención sobre ella. Pasen y disfruten (o sufran, que de todo hay):

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Los primeros rusos me agarraron por sorpresa en 1962. Yo ni me daba cuenta, pero estábamos al borde de la pulverización nuclear. Eran gente muy rara en comparación con los patrones imperantes en nuestras concepciones estéticas, emanadas de revistas como Reader’s Digest, Vanidades, Playboy, y los comics y películas de Hollywood.

Blancuzcos tirando a colorados, pelipajuzos y rubiancos hasta la transparencia, cambiaron el color de estos entornos y de nuestra complicada ecuación genética, antes salpicada con variables afro, asiática, árabe, ibérica y, gracias a su jadeo horizontal, receptora también del hueso eslavo.

Para leer la crónica completa, dirigirse aquí.

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PHOTO EXHIBITION ABOUT SIEGE OF LENINGRAD OPENED IN CUBA

(Information from Russkiy Mir Foundation)

Photo: Sergey Larenkov’s collage from the «Siege album»

An exhibition of photographs telling about the siege of Leningrad started it work in Cienfuegos, Cuba, the website of Rossotrudnichestvo reports.

The Museum of Defence and Siege of Leningrad prepared the exhibition. Its opening was timed to the 75th anniversary of the breakthrough of the siege.

 

More info here.

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Carta a Yuri Gagarin, de Ramón Fernández-Larrea

(Publicada en Cuba Encuentro, 14 de enero de 2002).

Ingrávido y cosmopolita Yuri Alexeyevich Gagarin:

Sello cubano por el 30 aniversario del viaje al cosmos de Yuri Gagarin. Colección filatélica privada (Damaris Puñales-Alpízar)

Menos mal que todavía te recuerdo vestidito de blanco, junto a una cosa grande, verde, barbuda, desaliñada y con boina, saludando con cara de ruso alegre a la multitud por toda la calle 23, en aquellos años en que yo aún no había probado las cuchillas Astra. Mi madre me dijo: “Ése es Yuri Gagarin, el primer hombre que subió al cielo”. Yo era un niño muy listo por esa época, por eso dudaba un poco de lo de la escalera grande y otra chiquita, y me había enterado de que antes habían mandado al espacio a la perra Laika, que me caía muy bien. Y me extrañó no verla contigo. Junto a ti sólo estaba aquella cosa desaseada, barbuda y verde que nos estaba ya poniendo en órbita a todos, con el contrato de satélite que decidió él solo. Después de eso, todos los niños se empezaron a llamar Yuri, todos los perros Laika y viceversa.

Como la cosa se estaba poniendo mala y hasta había pivoteado para segunda, en México, la Sonora Matancera, yo dejé pronto de ser niño, aunque me empeñé en seguir siendo listo. A pesar de toda mi listura también estuve en órbita mucho tiempo, pero no he podido ver la tierra o “el globo terráqueo”, como se le dice ahora, (porque la tierra es de quien la trabaja) a la distancia que tú la viste, por mucha cosmogonía que me meta en el cerebelo. Siempre me ha preocupado qué pudiste pensar cuando tu cápsula espacial pasó con celeridad de bisté por la libre sobre Cuba y verla allí tan cocodrilamente desamparada. Tal vez no pensaste nada y ni sabías lo de la Sonora Matancera.

Más allá de aquella imagen imborrable que guardo, de tu uniforme blanco y tu sonrisa de guajiro estepario, al lado del lobo estrafalario, he tenido que buscarte ahora en otros lugares. Como Internet, por ejemplo. Internauta cosmogónico yo, listo y nada aniñado, he buscado de galaxia en galaxia, ahora que cosmo todos los días y mi órbita es más desorbitante. Internado en Internet he hallado datos tuyos que no cesan de darme vueltas en el globo del ojo y que surcan mi descosmunal imaginación como un sputnik fantasmal. Está bien que te hallan llamado, por aquel vuelo inaugural a dimensiones desconocidas, “Columbus del cosmos”, y que ahora hayan bautizado un cráter en la parte oscura y más alejada de la luna con tu nombre. No le resto valor a tu hazaña, pero ya hay malas lenguas eslavas sin pan que ponen en duda lo de tu pionerismo, y aseguran que en realidad no fuiste el primerito en alejarte tantos kilómetros del PCUS. De todos modos circundaste la tierra a 27 400 kilómetros de velocidad y el juego en las alturas sólo duró una hora y ocho minutos. Tendrías que sonarte un viaje a Bayamo en la cama de un KP3, a menos velocidad, pero con la misma sensación lujuriosa de estar haciendo 16 horas prohibidas para que completaras tu gozo. Ya a la altura de Sibanicú empezarías a extrañar la tierra, o pedirías a Laika por señas.

Para seguir leyendo, pinche aquí

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