Zoia Barash, in memoriam

Zoia Barash en el balcón de su apartamento. Agosto de 2009.

Zoia Barash en el balcón de su apartamento. Fotografía de Damaris Puñales Alpízar (Agosto de 2009).

Zoia Barash no nació en Cuba, pero haber vivido en la isla más que en ninguna otra parte: su natal Ucrania o la Rusia de su juventud, la convirtieron en cubana por derecho, un derecho otorgado no solo por los más de 50 años que vivió en La Habana, sino sobre todo por su pasión, su entrega y sus aportes a la cultura cubana.

La única vez que nos vimos en persona, una calurosa tarde del 11 de agosto del 2009, en su apartamento, me comentaba respecto a lo que sentían los soviéticos por Cuba a principios de los años sesenta:

Un amor total y absoluto. Había una canción que se llama Cuba de mi amor, una canción en ruso, que se cantaba mucho. Y era una cosa, en los sesenta, romántica: una revolución tan lejana, con barbudos, con gente muy bonita, todos eran jóvenes, nadie criticaba el arte abstracto. Para los rusos era como un soplo de esperanza, que sí se puede hacer una revolución, que la revolución sí puede ser tolerante hacia diferentes corrientes del arte, que los ministros pueden ser jóvenes, porque en aquel momento en la Unión Soviética todos los dirigentes eran viejos y de repente aparecen Fidel y sus ministros y la gente miraba con mucha esperanza y mucho interés. Hubo mucho interés hacia Cuba. Mucha admiración. (1)

Llegó a Cuba en 1963, fascinada, deslumbrada, como muchos soviéticos en ese momento, por lo que representaba el inicio de la Revolución Cubana. Como muchos de los soviéticos que llegaban entonces a Cuba, trabajó como en la traducción. Su primer trabajo fue el de traductora en la Junta Central de Planificación y en el Centro de documentación del petróleo. Apenas unos tres años después, comenzaban a estrecharse sus vínculos con el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas -ICAIC-, pero no fue sino hasta 1976 que se convirtió oficialmente en traductora del Centro de Documentación.

Cuando en 1980 pasó a ser la especialista en cine de los países socialistas de la Cinemateca de Cuba, ya hacía mucho tiempo que se había percatado del valioso cúmulo de información que sobre el séptimo arte de la URSS llegaba al noveno piso del ICAIC. A la par que recibía a Larisa Sheptiko, Stanislav Rostotski, Alexander Mitta, Andrei Konchalovski y tantos otros cineastas soviéticos que visitaron La Habana por esa fecha, se dedicó a reunir numerosos datos sobre los directores que habían protagonizado desde sus orígenes la historia del cine en su país. (2)

Esta experiencia y sobre todo, su visión crítica, posibilitaron la publicación, muchos años después, de su magnífico libro El cine soviético de principio a fin, publicado en el 2008 por Ediciones ICAIC, en La Habana. Había comenzado a trabajar en ese proyecto  a fines de los noventa, pero pasaría toda una década antes de que el libro pudiera salir. Su recepción fue tan buena, que se hizo una segunda edición.

El director de la cinemateca [Reynaldo González, en ese momento (3)] me dijo “hay tanto material sobre cine soviético, ¿por qué no haces un libro con todo esto?”. Eso fue hace muchos años, el libro estuvo en proceso editorial casi diez años. Lo empecé a fines de los noventa. Poco a poco, poco a poco. Estaba aprendiendo la computadora. En aquella época estaban apareciendo las computadoras, pero yo lo hice todo en una vieja máquina de escribir. Yo lo digo en el prólogo.

zoia barashSegún cuenta Elizabeth Mirabal en su artículo, en sus años en la Cinemateca Zoia Barash recibía a “Larisa Sheptiko, Stanislav Rostotski, Alexander Mitta, Andrei Konchalovski y tantos otros cineastas soviéticos que visitaron La Habana por esa fecha”. También reunía datos sobre los directores que “habían protagonizado desde sus orígenes la historia del cine en su país”, y sobre los cuales escribiría en El cine soviético de principio a fin, libro que abarca la cinematografía desde los años veinte hasta los años de la Perestroika, contada muchas desde la perspectiva de la vida de los directores de cine.

Zoia Barash se quedó, tal vez, con ganas de escribir una segunda parte de este libro. Para la fecha de nuestra conversación, en el 2009, hacía tres años que se había retirado ya, y sentía que no tenía fuerzas para hacerlo.

Todo el mundo me dice, escribe la segunda parte, pero no hay fuerzas para tanto. En la cinemateca en la mañana no hay aire acondicionado, yo tengo problemas para trasladarme, ando con bastón, tengo mucha artrosis…

Más allá de su labor intelectual, de la excelente tarea de rescatar parte del archivo de la Cinemateca cubana dedicada al cine soviético, y más allá también de su labor al frente de la organización de los ciclos de cine ruso, Zoia Barash era una mujer de luz, amable y suave, muy buena conversadora, con un gran sentido de humor. Con ella quedaron pendientes otras conversaciones mucho más largas, y no las limitadas a nuestros intercambios por email. Quedaron pendientes otras preguntas (por ejemplo, sobre su colección de titulares ilógicos de la prensa cubana).

Parte de los archivos de la Cinemateca de Cuba están en lamentable estado, o han desaparecido, como comenta su actual director, Luciano Castillo en esta publicación de Cuba Contemporánea

Tenemos un reto grande. La Cinemateca se encuentra en un estado crítico con relación a la organización interna, sobre todo en el tema de los fondos bibliográficos. Hay muchos libros y publicaciones que no están catalogadas. Ahora queremos organizar la biblioteca.

Hubo que dar de baja muchas copias que eran inservibles. En la actualidad estamos revisando todo para realizar el inventario, como ves la oficina está llena de cajas.

A Zoia Barash tenemos que agradecer, entonces, el testimonio de parte del material dedicado al cine soviético y ruso. Con la muerte de Zoia, el pasado 26 de octubre del 2014 en La Habana, desaparece también parte de la presencia física de un mundo que dejó de existir hace ya más de dos décadas: el mundo de la Cuba soviética. El legado de ese mundo, como el legado de Zoia, permanece como parte de una peculiar identidad cubana, para la que la suma de cruces y acercamientos culturales siempre enriquece, muy al margen de cualquier ideología de estado.


Notas:

(1) Todos los extractos de entrevista que aparecen en este posteo forman parte de un libro en preparación, tentativamente titulado Cuba soviética. Una cartografía afectiva.

(2) Mirabal Llorens, Elizabeth. “Decir toda la verdad. Entrevista con Zoia Barash”. Revista Revolución y Cultura. No. 1, 2010. (pp. 42–51).

(3) Agradezco a Juan Antonio García Borrero la confirmación de este dato.

(4) Para los interesados en el cine soviético, sobre todo el de las primeras décadas del siglo XX, recomiendo el artículo “El cine soviético de los años 20 y 30: un arma de propaganda“, de Lázaro González González, publicado por Esquife el 3 de abril del 2012.

(5) Recomiendo también el artículo “Cuba, el cine en libros y folletos“, de Alicia García.

 

 

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